Una mujer le daba quejas de continuo a su marido respecto al desaliño de su vecina. A través de la ventana podía observar una cantidad de ropa sucia tendida en el portal de la casa de al lado. Una mañana, aquella dama dirigió la mirada hacia la casa de la vecina y se sorprendió al ver lo limpia que se notaba la ropa tendida de la baranda de la vecina.
-¡Mira! ¡fíjate!
-le dijo a su esposo.
-parece que aprendieron a lavar bien la ropa, ¿quién los enseñaría?
-el caballero le sonrio y le dijo:
-Me levanté temprando esta mañana y limpié nuestras ventanas.
Esta historia me gustó mucho, no sólo por se graciosa, también porque nos muestra los errores que aveces cometemos cuando juzgamos, y nos enseña que es mejor mirarnos bien antes de ponernos a juzgar.
-¡Mira! ¡fíjate!
-le dijo a su esposo.
-parece que aprendieron a lavar bien la ropa, ¿quién los enseñaría?
-el caballero le sonrio y le dijo:
-Me levanté temprando esta mañana y limpié nuestras ventanas.
Esta historia me gustó mucho, no sólo por se graciosa, también porque nos muestra los errores que aveces cometemos cuando juzgamos, y nos enseña que es mejor mirarnos bien antes de ponernos a juzgar.

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