Los propios esfuerzos por obedecer la ley de Dios, por estrictos que sean, nunca pueden ser base para la salvación. Somos salvos por la justicia de Jesucristo recibida como un don de gracia, y de gracia sola. El sacrificio de nuestro Señor en el Calvario es la única esperanza de la humanidad. Pero habiendo sido salvos, nos regocijamos en que los justos requerimientos de la ley se cumplan en la experiencia de los cristianos "que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" y que por la gracia de Dios viven en armonía con la voluntad revelada de Dios.
Preguntas sobre doctrina, p 170 (edición anotada)

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